lunes, 1 de noviembre de 2010
Día de Difuntos
[Ya sé que a tí te da igual. A mí no]
Cierro los ojos y espero que esta noche vengáis a visitarme de nuevo, que déis la cara como antes, que respondáis a mi llamada, porque pienso en vosotros, pienso mucho en vosotros, me acompañáis todos siempre un poquito y me siento un poco menos sola al pensaros y sobre todo menos desprotegida en mi ingenuidad, menos vulnerable.
Ojalá hubiéramos disfrutado de una mejor vida juntos. Ojalá las cosas hubieran sido distintas. Pero prometo recordaros todos los días de mi vida con amor, y con orgullo.
sábado, 9 de octubre de 2010
Rebelión
Pero la verdad es que no es solo la nevera. Toda la casa anda revolucionada. La lavadora se ha vuelto muy proactiva y las tuberías de agua protagonizaron un alzamiento en toda regla.¡Un alzamiento! Me pusieron en jaque y tuve que recurrir a toda la tropa auxiliar para controlar la rebelión.
Tenía que pasar.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Confesiones cortas
Solo mis manos me pertenecen completamente.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Fantasmita arrastrando cadenas
Me pregunto cómo es posible que la bipolaridad esté catalogada como enfermedad mental. Cómo si fuese deseable andar en un estado mental de absoluta normalidad (lo que coño que eso sea) por la vida. También me pregunto por qué la gente que sufre de cualquier alteración mental acepta medicarse en vez de intentar averiguar cómo convivir con sus estados mentales o (mejor aún) qué es lo que falla en su vida o en su entorno que les provoca semejantes cambios de humor. Viviendo en el mundo que vivimos, no me parece tan extraño que -cuanto menos- suframos de cambios radicales de humor. Al fin, hay motivos para sentirse desesperado y confiado alternativamente. Y hay cosas peores que "ser" bipolar. Se puede ser, simple y llanamente, cruel de manera permanente. En cambio, la crueldad no está catalogada como enfermedad. A ver si no va a resultar que los locos son ellos...
Bueno, aprenderás a convivir con ello. Aprenderás a levantarte unos días sintiéndote la reina del mundo, convencida de que el futuro alberga infinitas posibilidades, y aprenderás a, cinco minutos después, resentir el duro golpe de la realidad y darte cuenta de que no vales una mierda. Aprenderás a sobrevivir las violentas oscilaciones de humores que van y vienen, a minimizar los daños y a aprovechar las puertas al futuro que se abren solo durante cinco minutos, a colarte a través de ellas, a cruzar los dedos esperando que del otro lado las cosas vayan mejor.
No escribo cuando estoy deprimida. Que es como el 70% del tiempo. Pero he aprendido a llevar lápices escondidos y a escribir en el reverso de las servilletas durante ese imprevisible 30% del resto del tiempo. Lo malo es que me exhalto. Lo malo es que mis palabras suenan a película dominguera de segunda. Lo malo es que traigo explosiones en la cabeza. Quisiera ser Truman Capote, la prosa cristalina y tal, quisiera ser Delibes, quisiera ser Nothomb, pero nunca consigo despegarme lo suficiente de mi propia visión para eso. Estoy irremediablemente ligada a los espasmos de mis sentimientos. La verdad es que quisiera ante todo no ser yo misma o al menos -no es mucho pedir- poder evadirme durante ese 30% del tiempo en que escribo. Pero no. Estoy condenada a arrastrarme a mí misma durante toda mi vida.
(Me gusta escribir aquí o allá o en servilletas y pasarme la linealidad y la lógica por el forro durante un rato. Tanta lógica me tiene frita.)
Y sin embargo me ligo una y otra vez, irremediablemente, a los proyectos más personales, más asquerosamente íntimos, y arrastro mis cadenas emocionales como fantasmita por los pasillos del castillo. No puedo evitarlo. Las historias de los demás me abducen. Puta empatía que serás mi perdición. No puedo simplemente cerrar los ojos y hacer como que no va conmigo. Créanme que quisiera hacerlo. Voltear al otro lado y contar modelos de coches. Pero no puedo evitar mirar de reojo e imaginar qué pasa por la mente de esa persona, destinada a hacerla siempre de abogado del diablo.
Y al fin, no puedo escapar a quién soy. La rabia roja me viene de lejos. Soy producto de esta historia de la que huyo. Reproduzco en mí misma los patrones de los que trato de escapar. Tal vez si logro vomitarla de una vez me salvaré. Quizá por eso me revuelvo en espasmos y aún así no sale nada. Quiero vomitarla, de verdad que sí. Quizá me da miedo quedarme vacía si logro escupirla en papel. Quizá me da miedo darme cuenta de lo ridícula que soy. Quizá me da miedo no estar a la altura.
(Eso que estoy escribiendo me quema por dentro. Si no me conmueve, no puedo escribirlo. Pero si me conmueve me pierdo irremediablemente en una ciénaga de sentimientos confusos)
Ayer estuve contenta viendo mesas y lámparas. Quizá eso es síntoma de que voy mejorando, o todo lo contrario. O simplemente evidencia que echo de menos a los míos. Los míos, así, como en las películas. A los míos [dignos - majos - hombres y mujeres de palabra que no se arredran ante nada - que no os doblegáis ante nadie - que decís siempre la verdad así joda - ingeniosos - maravillosos - pero ante todo - honestos - artistas - incorruptibles] ¡Os echo de menos!
Bipolar y retadora compulsiva, quizá sí. Insensible, nunca.
sábado, 17 de octubre de 2009
El vacío (no-ejercicios de incoherencia)
La muerte nos barrerá a todos y nadie recordará ni la sombra de tu nombre. De eso estoy segura. Sentada, de tumba en tumba como si yo fuera la muerte misma, entre cementerios y alambradas, yo hubiese querido una puerta que se abriese, con un poco de luz detrás, y en vez de querer a los muertos, que me quisiesen los vivos. Recé por ello y sucedió. A veces se está tan solo entre los muertos!
Cálido abrazo de los muertos entre las manos heladas. He llegado como siempre demasiado tarde. Todos han huído ya y han dejado sus casas vacías. Los turistas se bañan entre esqueletos y bajo las bombas cien mil hombres y mujeres tiemblan de frío. Yo no se ni qué, pero seguiré preguntando un rato más, hasta que se me olvide cómo hacer preguntas.
lunes, 4 de mayo de 2009
Ejercicios de mecanografía, 5
El tesoro más grande de una mujer es ahora su opción a conceder voluntariamente la bendición de un pasaporte español integrado en la unión europea. Con ese precioso logo de estrellas que cada vez me recuerda más al de los estados unidos. Es un don bizarro este de concederle por amor a una sola persona -¡a una sola, la que tú escojas!- la posibilidad de ser tratado igual que tú. Ni mejor, ni peor: igual. Lo que implica, desde luego, que todos aquellos que no escojas, todos los que no merezcan tu amor, las van a pasar putas. La unión europea, qué gran putada para todos los que no están dentro (que son la mayoría).
Y luego, con la ley en la mano, despojarle de todos sus bienes habidos y por haber, lanzarlo a la calle, dejarlo sin nada...¡qué putada, también!. Los hombres no debieran casarse sino por extrema necesidad.
Y luego, las pensiones...ese gran tesoro que se transmite solo por matrimonio. Viejos españoles, si aún sentís la esquirla de la humillación viva en vuestros corazones, si late en el cuarto trasero el deseo de venganza, no os lo penséis más: apadrinad a un joven. Casaos con un miserable para que, cuando muráis, vuestra pensión sea la de ellos.
Españoles, españolas: regalad vuestra nacionalidad, regalad vuestra pensión. El amor, verdadero o supuesto, es la última brecha que abre las puertas de la ley. Forzad sus puertas. Hundid el sistema. Que salgan las ratas del barco que se hunde, maldita sea.
En mood apocalíptico, he dicho, como cada víspera a las cifras del paro. Es ya un ritual, supongo...cuántos miles de personas se irán a la calle, y el miedo, siempre el miedo: ¿seré yo la siguiente? Quiero deshacerme de ese miedo maldito que me envenena la razón. ¿Trabajo? ¿Desde cuando he querido yo un trabajo?
Y sin embargo...qué miedo.
jueves, 30 de abril de 2009
Ejercicios de mecanografía, 4
Imagina como suena el resto.
miércoles, 29 de abril de 2009
Ejercicios de mecanografía, 3
lunes, 2 de marzo de 2009
Ejercicios de mecanografía, 2
Los cielos nublados son una paleta llena de posibilidades.
Escribir es temer no estar a la altura.
Escribir es apropiarse del dolor ajeno y convertirlo en propio.
Escribir es la reinterpretación constante de una canción en repeat.
Las paletas son una posibilidad llena de cielos nublados.
Las promesas son el ancla que nos clava a la vida.
Fregar los platos es una reinvención del mito de sísifo.
La ropa que no se tiende nunca se seca.
A.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Ejercicios de mecanografía, 1
Eso por una parte.
Luego, entre centenares de expedientes, cabe preguntarse, una vez más, como es que nos cuesta tanto darnos cuenta de que estas calles que son nuestras fueron de todos esos muertos que llevaron nuestros nombres y vivieron en nuestras casas. Más horroroso aún es aceptar que nuestros sueños fueros antes sus propios sueños y que los errores que cometeremos ya los cometieron nuestros fantasmas. Y por ello, una vez más, es inútil: tarde o temprano deberás dar la cara.
Ante tanta cobardía, una palabra amiga es un estandarte clavado en el corazón de la Antártida.
Mecanografiar: encadenar derrotas.
Los nombres de los muertos son la desazón de los vivos.
Todos los símbolos están condenados a ser descubiertos.
No debes culparte por los errores que no has cometido aún.
Y finalmente, lo más importante:
eso que buscas no lo vas a encontrar en el periódico.
lunes, 26 de enero de 2009
Una mala pasada
(el principito).
martes, 9 de diciembre de 2008
Sed felices
lunes, 4 de agosto de 2008
LA MOCHILA Y EL CURRICULUM
Arturo Pérez Reverte
Domingo 22 de mayo de 2005.
Llueve a ratos, y Madrid está frío y desapacible. Pasan paraguas al otro lado del escaparate de la librería de mi amigo Antonio Méndez, el librero de la calle Mayor. Estamos allí de charla, fumando un pitillo rodeados de libros mientras Alberto, el empleado flaco, alto y tranquilo, que no ha leído una novela mía en su vida ni piensa hacerlo -«ni falta que me hace», suele gruñirme el cabrón- ordena las últimas novedades. En ésas entra un chico joven con una mochila a la espalda, y se queda un poco aparte, el aire tímido, esperando a que Antonio y yo hagamos una pausa en la conversación.
Al fin, en voz muy baja, le pregunta a Antonio si puede dejarle un currículum. Claro, responde el librero. Déjamelo. Y entonces el chico saca de la mochila un mazo de folios, cada uno con su foto de carnet grapada, y le entrega uno. Muchas gracias, murmura, con la misma timidez de antes.
Si alguna vez tiene trabajo para mí, empieza a decir. Luego se calla. Sonríe un poco, lo mete todo de nuevo en la mochila y sale a la calle, bajo la lluvia.
Antonio me mira, grave. Vienen por docenas, dice. Chicos y chicas jóvenes. Cada uno con su currículum. Y no puedes imaginarte de qué nivel. Licenciados en esto y aquello, cursos en el extranjero, idiomas. Y ya ves. Hay que joderse.
Le cojo el folio de la mano. Fulano de Tal, nacido en 1976. Licenciado en Historia, cursos de esto y lo otro en París y en Italia. Tres idiomas. Lugares, empresas, fechas. Cuento hasta siete trabajos basura, de ésos de tres o seis meses y luego a la calle. Miro la foto de carnet: un apunte de sonrisa, mirada confiada, tal vez de esperanza. Luego echo un vistazo al otro lado del escaparate, pero el joven ha desaparecido ya entre los paraguas, bajo la lluvia.
Estará, supongo, entrando en otras tiendas, en otras librerías o en donde sea, sacando su conmovedor currículum de la mochila. Le devuelvo el papel a Antonio, que se encoge de hombros, impotente, y lo guarda en un cajón.
Él mismo tuvo que despedir hace poco a un empleado, incapaz de pagar dos sueldos tal y como está el patio. Antes de que cierre el cajón, alcanzo a ver más fotos de carnet grapadas a folios:
chicos y chicas jóvenes con la misma mirada y la misma sonrisa a punto de borrárseles de la boca. España va bien y todo eso, me digo. La puta España. De pronto la tristeza se me desliza dentro como gotas frías, y el día se vuelve más desapacible y gris. Qué estamos haciendo con ellos, Maldita sea. Con estos chicos.
Antonio me mira y enciende otro cigarrillo. Sé que piensa lo mismo. En qué estamos convirtiendo a todos esos jóvenes de la mochila, que tras la ilusión de unos estudios y una carrera, tras los sueños y el esfuerzo, se ven recorriendo la calle repartiendo currículum en los que dejan los últimos restos de esperanza Licenciados en Historia o en lo que sea, ocho años de EGB, cinco de formación profesional, cursos, sacríficios personales y familiares para aprender idiomas en academias que quiebran y te dejan tirado tras pagar la matrícula. Indefensión, trampas, ratoneras sin salida, empresarios sin escrúpulos que te exprimen antes de devolverte a la calle, políticos que miran hacia otro lado o lo adornan de bonito, sindicatos con más demagogia y apoltronamiento que vergüenza. Trabajos basura, desempleos basura, currículums basura. Y cuando el milagro se produce, es con la exigencia de que estés dispuesto a todo: puta de taller, puta de empresa, boca cerrada para sobrevivir hasta que te echen; y si tienes buen culo, a ser posible, deja que el jefe te lo sobe. Aún así, chaval, chavala, tienes que dar las gracias por los cambios de turno arbitrarios, los fines de semana trabajados, las seiscientas horas extras al año de las que sólo ochenta figuran como tales en la nómina. Y si encima pretendes mantener una familia y pagar un piso date con un canto en los dientes de que no te sodomicen gratis. Flexibilidad laboral, lo llaman Y gracias a la flexibilidad de los cojones se han generado, dice el portavoz gubernamental de turno tropecientos mil empleos más, y somos luz y fan de Europa. Guau. Gracias a eso, también, un chaval de veintipocos años puede disfrutar de la excitante experiencia de conocer ocho empleos de chichinabo en tres o cuatro años, y al cabo verse el la calle con la mochila, buscándose la vida bajo la, lluvia.
Partiendo una y otra vez de cero. Flexibilidad laboral. Rediós. Cuánto eufemismo y cuánta mierda. A ver qué pasa cuando, de tanto flexionarlo, se rompa el tinglado y se vaya todo al carajo, y en vez de currículums lo que ese chico lleve en la mochila sean cócteles molotov.
miércoles, 2 de julio de 2008
Republicana de tercera
Pido un café con leche en un bar y despliego El País. Estarán contentos los editores del (no tan) ilustre periódico socialista: han perdido a un fiel cliente, pero han ganado una joven lectora. Mal que bien pertenezco a la generación digital, y por más que no suela comprar la edición analógica, esa que cruje entre los dedos y que huele a noticia recién inventada, al menos los sigo a diario por internet. Y no anda el horno para bollos como para despreciar la fidelización de nuevos lectores. Lo hago, la verdad, por puro masoquismo. Me alegraría leer a Haro Tecglen, ese señor (me corrijo, ese monstruo) cuyos escritos no entendí hasta que fue demasiado tarde para todos: para él, que murió y dejó vacía su columna (y el periódico), para mi padre, que lo siguió durante años y al fin murió también, quien sabe si de cáncer o de aburrimiento por la falta de los brillantes escritos del niño republicano, y para mi, que me quedé sin ninguno de los dos para consolarme. En verdad creo que mi miseria sería un poco menos miserable si al menos pudiera leer a Tecglen –ahora que por fin lo entiendo-, aprender de él lo que no estuve a tiempo de aprender de mi padre, pero no hay modo, los dos se han ido y tal vez ahora maten el tiempo en algún cielo en el que ninguno de los dos creía, o más posiblemente en algún café republicano mientras comentan las olvidadas épocas de la postguerra. Ahora –tarde ya, maldita sea, demasiado tarde- entiendo que Tecglen buscaba con sus artículos lo mismo que mi padre con sus historias: conservar viva la memoria de la Segunda República. Memoria para cuya destrucción se han destinado millones de pesetas, y de euros, y de horas de silencio. Setenta años han pasado ya desde que naciera mi padre, setenta años desde que el último baluarte de la República se hundiese, y todavía seguimos igual; no aplica la frase de “ni olvido ni perdón”, porque lo cierto es que olvido hay, y mucho, y perdón quién sabe, en fin, ya deben estar todos los rojos muertos (¿cuántos quedan? que levanten la mano), y si no lo están poco le falta. El olvido se cuenta por millares: por millares de cuerpos desaparecidos, nunca devueltos. Quisiera pensar que las historias de mi padre no fueron en vano, que consiguió meterme en la cabeza que nos robaron una república que él conocía sólo de segunda mano. Yo la conozco de tercera, pero harán falta aún muchas generaciones para borrar de nuestra memoria que ese gobierno fue nuestro, que nos lo robaron vilmente, no se si con nocturnidad pero con alevosía seguro, y que nunca ha sido restituído. Hoy, si Tecglen estuviera vivo, me gustaría mandarle una carta diciéndole que no se apure, que aún quedamos unos cuantos para mantener el cuento vivo, para contarle a nuestros hijos -si es que algún día encontramos trabajo para poder tenerlos sin el justo temor a que se mueran de hambre- que de transición a la democracia nada (¡ladrones!). Tecglen no está ya, su espacio quedó vacío, y queda un poco más vacío cada día que no escribe en él. Mi padre se fue y sus pinceles y pinturas acumulan polvo, de su boca ya no saldrán más cuentos ni de sus manos manifiestos anarquistas. Quizá sea poco que ofrecer a cambio, pero quedo yo, pobre como soy, sin ningún talento para dibujar y el justito para escribir; joven, precaria, y además, por si todo ello no fuera bastante, mujer. Anarquista de segunda, republicana de tercera, pero contestataria e inconforme por mérito propio. Hoy abro El País por el final, doy un sorbo al café y me doy a la interminable e inútil tarea de recomponer mentalmente la columna de Tecglen. (Perdón por la falta de estilo, pare. Hago lo que puedo).
martes, 24 de junio de 2008
Sin Título 1
sábado, 31 de mayo de 2008
...
¿Murió? Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue
los muertos mueren y las sombras pasan
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
!Yunques sonad; enmudeced campanas!
[A.Machado]
miércoles, 28 de mayo de 2008
El tesoro
Indonesia, el único estado del sudeste asiático presente en el cartel petrolero, produjo en abril 854.000 barriles de crudo al día, menos de la mitad del rendimiento diario del país hace una década y por debajo de la cuota mínima de producción de la OPEP, fijada en los 1,3 millones de barriles diarios.
En este sentido, los expertos atribuyen la caída de la producción a la falta de inversiones en el sector energético, lo que ha impedido mejorar la eficiencia de las explotaciones actuales y explorar nuevos yacimientos.
La inestabilidad y opacidad del sistema legal de Indonesia y la corrupción también han perjudicado la producción petrolífera de la nación.
A pesar del cambio de productor a importador neto, el Gobierno trabaja en aumentar la producción de crudo y gas natural, especialmente en la actual coyuntura económica de alza de los precios de la energía.
En este sentido, el Ejecutivo firmó ayer cinco contratos de exploración de crudo y gas natural con varias petroleras internacioales, entre ellas la italiana ENI, la malasia Petronas y la china CNOOC. Además, las autoridades sacarán en junio a subasta pública los derechos de exploración en otras 25 parcelas del país.
[El País, 28 de Mayo de 2008]Vaya, vaya...¿de qué me suena esta nomenclatura? "Corrupción", "Opacidad", "Falta de inversión"...claro, lo que hay que hacer es vender el país a las empresas extranjeras. A "El País" debería caérsele la cara de vergüenza por venderse así. Y aún se atreven a llamarse socialistas. Indonesia, como México: esclavos del Banco Mundial, ¡País en Subasta, vengan y vean, vengan y compren, vendemos parcelas, regalamos petróleo!
miércoles, 21 de mayo de 2008
Entre las tripas
miércoles, 14 de mayo de 2008
Ambulancias fosforescentes
A la puerta de la casa aguardaba una ambulancia fosforescente. Yo saqué las llaves del bolso y las balanceé en mi mano. ¿Venían a buscarme a mí? ¿A ti? Una enfermera introdujo un cuerpo en el interior del brillante cacharro con ruedas. Entré en el portal, cerré la puerta y llamé al ascensor. No sabía a quién habían venido a buscar esta vez. No sabía cuánto tardarían en venir a buscarme a mí. Pero vendrían. Si tenía un poco de suerte, una extraña con las llaves en la mano se preguntaría durante algunos minutos quién era yo, encendería el ordenador y lo escribiría en su blog. Sólo para preservar la memoria ajena en la gran Barcelona, este monstruo-metrópolis que tanto te desazona, sólo para dejar constancia escrita de que quizá alguien ha muerto hoy, y que nunca sabré quién es.
Queremos lo que decimos…
martes, 13 de mayo de 2008
PEATÓN
En un cruce de peatones había una advertencia pintada sobre el suelo con grandes letras blancas: ¡VIGILA! ¡UNO DE CADA TRES MUERTOS EN ACCIDENTE DE TRÁFICO ES UN PEATÓN! ¡TODOS SOMOS PEATONES!
Me espantó tanto la lectura de la advertencia que casi se me lleva un coche.
