sábado 17 de octubre de 2009

El vacío (no-ejercicios de incoherencia)

Me pregunto cómo he llegado hasta aquí. Creo que fue en coche, muchas horas después de haber salido de otro lugar escapando de algo o bien buscando algo o no se sabe qué. Ay, cómo se enfadaron cuando nos vieron con la pizza! Había muchas curvas, y entre las barracas derruídas, un conejo enfermo. Dos perros hacían autoestop y un autoestopista autríaco que apestaba un poco sólo necesitaba siete quilómetros al norte. La cámara silbaba enronquecida. Yo ya no sabía ni qué.

La muerte nos barrerá a todos y nadie recordará ni la sombra de tu nombre. De eso estoy segura. Sentada, de tumba en tumba como si yo fuera la muerte misma, entre cementerios y alambradas, yo hubiese querido una puerta que se abriese, con un poco de luz detrás, y en vez de querer a los muertos, que me quisiesen los vivos. Recé por ello y sucedió. A veces se está tan solo entre los muertos!

Cálido abrazo de los muertos entre las manos heladas. He llegado como siempre demasiado tarde. Todos han huído ya y han dejado sus casas vacías. Los turistas se bañan entre esqueletos y bajo las bombas cien mil hombres y mujeres tiemblan de frío. Yo no se ni qué, pero seguiré preguntando un rato más, hasta que se me olvide cómo hacer preguntas.

viernes 17 de julio de 2009

Carta II a la vicepresidenta:

Carta II a la vicepresidenta:
Señora de la Vega: finalmente, me he casado. He pensado en todos ustedes (con sus trajes nuevos y sus peinados perfectos –eso los que aún tienen pelo, claro-) mientras firmaba el acta. Señora vicepresidenta: se lo dedico. Mis abuelos anarquistas tiemblan en sus tumbas, pero quiero pensar que entienden que dónde antes fue revolucionario no pedir permiso al estado o a la iglesia para enamorarse, ahora es lo contrario. Y como dijo el amigo, el revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor. O más bien: todo acto revolucionario es un acto de amor. Y aunque parezca contradictorio, me reafirmo en ello: casarme es lo más revolucionario que he hecho hasta la fecha. Un acto de amor. Para que no me lo quiten, para que no se lo lleven a un oscuro centro de detención de migrantes, para que no lo embarquen en un avión y le prohíban el regreso, o simplemente, para que no le prohíban trabajar para sobrevivir. Por lo demás estoy bien, gracias. ¿Cómo está usted?
Le escribo para informarla (de nuevo, y con más urgencia) que estoy muy descontenta con la gestión de su (debería decir “mi”?) gobierno. En general con el continuo derrame de dinero a los bancos y con ese patético plan E, que cuesta más el cartel que la obra y lo sabe todo el mundo, señora, por favor? ¿O nos toma por tontos, es eso? Debe de ser eso. Y en lo particular, debo señalar que me humillan especialmente las bestialidades de su nueva menestra de cultura, la señora Sin Descargas. Hágale saber que los guionistas no le perdonamos la traición que supone que las primeras subvenciones que reduzca sean las de guión (¡que ya eran escasas de por sí!). Espero que sepa lo que se hace. Pero le aseguro que si yo fuera la redactora de los telediarios de televisión española, le haría saber sutilmente a la “jefa” de mi enfado. A ver si por una vez nos vamos a poner a contar la verdad para variar! A ver si vamos a dejar de trabajar para ustedes, vamos a dejar de lavar cerebros! A ver si así se enteran de lo importante que es tener contento al que se ocupa de lavar cerebritos…
Señora vicepresidenta: estoy pensando en irme. De momento me quedo, pero tengo muy presente dónde está mi pasaporte por si tengo que salir corriendo. No me quedaré a ver como se hunde el barco porque no quiero hundirme con él. Viendo que no hay nada que hacer, viendo que los míos aceptarán felices cualquier nueva imbecilidad que a ustedes se les ocurra, viendo cómo vamos directos al abismo…bueno, no me dejan muchas opciones, ¿no es cierto? Me doy unos meses, no más. Supongo que usted ya tiene comprado el billete de avión desde hace meses. Me pregunto adónde iría usted.

Ya hablaremos luego, señora vicepresidenta.
Atentamente
Altea Gómez

lunes 4 de mayo de 2009

Ejercicios de mecanografía, 5

Si fuera esquina le pediría a un perro que me meara encima; como no lo soy, creo que simplemente voy a ponerme un anillo para que todos aquellos que necesitan con urgencia renovar su permiso de residencia y no saben cómo o no pueden dejen de decirme lo guapísima que soy y el consabido ¿quieres ser mi novia?. Lo siento chicos: ya cedí mi prerrogativa. De todas formas consuélate: sería una pésima esposa.

El tesoro más grande de una mujer es ahora su opción a conceder voluntariamente la bendición de un pasaporte español integrado en la unión europea. Con ese precioso logo de estrellas que cada vez me recuerda más al de los estados unidos. Es un don bizarro este de concederle por amor a una sola persona -¡a una sola, la que tú escojas!- la posibilidad de ser tratado igual que tú. Ni mejor, ni peor: igual. Lo que implica, desde luego, que todos aquellos que no escojas, todos los que no merezcan tu amor, las van a pasar putas. La unión europea, qué gran putada para todos los que no están dentro (que son la mayoría).

Y luego, con la ley en la mano, despojarle de todos sus bienes habidos y por haber, lanzarlo a la calle, dejarlo sin nada...¡qué putada, también!. Los hombres no debieran casarse sino por extrema necesidad.

Y luego, las pensiones...ese gran tesoro que se transmite solo por matrimonio. Viejos españoles, si aún sentís la esquirla de la humillación viva en vuestros corazones, si late en el cuarto trasero el deseo de venganza, no os lo penséis más: apadrinad a un joven. Casaos con un miserable para que, cuando muráis, vuestra pensión sea la de ellos.

Españoles, españolas: regalad vuestra nacionalidad, regalad vuestra pensión. El amor, verdadero o supuesto, es la última brecha que abre las puertas de la ley. Forzad sus puertas. Hundid el sistema. Que salgan las ratas del barco que se hunde, maldita sea.

En mood apocalíptico, he dicho, como cada víspera a las cifras del paro. Es ya un ritual, supongo...cuántos miles de personas se irán a la calle, y el miedo, siempre el miedo: ¿seré yo la siguiente? Quiero deshacerme de ese miedo maldito que me envenena la razón. ¿Trabajo? ¿Desde cuando he querido yo un trabajo?

Y sin embargo...qué miedo.

jueves 30 de abril de 2009

Ejercicios de mecanografía, 4

Mi mundo es tan pequeño que una pisada sobre el césped resuena como un seismo.

Imagina como suena el resto.

miércoles 29 de abril de 2009

Ejercicios de mecanografía, 3

Tanto tiempo planeando el suicidio perfecto y ya ni ganas tienes, porque la muerte, ¡adopta formas tan siniestras! Clava las pestañas en cualquier lugar hermoso. Iremos cargando con los muertos hasta que alguien cargue con nosotros...agradecerán que les dejemos una carga ligera, supongo.

lunes 2 de marzo de 2009

Ejercicios de mecanografía, 2

Él siempre escucha la música en random. Ella le pone el repeat a una canción durante horas. Uno de estos días estará lista para escuchar toda la música del mundo sin querer atrapar la esencia última del todo.

Los cielos nublados son una paleta llena de posibilidades.

Escribir es temer no estar a la altura.

Escribir es apropiarse del dolor ajeno y convertirlo en propio.

Escribir es la reinterpretación constante de una canción en repeat.

Las paletas son una posibilidad llena de cielos nublados.

Las promesas son el ancla que nos clava a la vida.

Fregar los platos es una reinvención del mito de sísifo.

La ropa que no se tiende nunca se seca.

A.

miércoles 25 de febrero de 2009

Ejercicios de mecanografía, 1

Si vieses a un cura mendigando, ¿no pensarías como yo que toda forma de exilio, de hibernación, de escape, es inútil? Es inútil: tarde o temprano deberás dar la cara.

Eso por una parte.

Luego, entre centenares de expedientes, cabe preguntarse, una vez más, como es que nos cuesta tanto darnos cuenta de que estas calles que son nuestras fueron de todos esos muertos que llevaron nuestros nombres y vivieron en nuestras casas. Más horroroso aún es aceptar que nuestros sueños fueros antes sus propios sueños y que los errores que cometeremos ya los cometieron nuestros fantasmas. Y por ello, una vez más, es inútil: tarde o temprano deberás dar la cara.

Ante tanta cobardía, una palabra amiga es un estandarte clavado en el corazón de la Antártida.

Mecanografiar: encadenar derrotas.

Los nombres de los muertos son la desazón de los vivos.

Todos los símbolos están condenados a ser descubiertos.

No debes culparte por los errores que no has cometido aún.

Y finalmente, lo más importante:
eso que buscas no lo vas a encontrar en el periódico.